(MX) Narcogobierno desde las Sombras

5 months ago
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(MX) Narcogobierno desde las Sombras

El crimen organizado en México no solo opera en las calles, sino también desde el interior de las cárceles. Un reciente informe del Departamento de Justicia de los Estados Unidos ha revelado que los líderes del cártel de Los Zetas, Miguel y Omar Treviño Morales, continúan dirigiendo su red criminal desde prisión. A pesar de haber sido capturados en 2013 y 2015 respectivamente, los hermanos Treviño mantienen el control sobre el narcotráfico, el lavado de dinero y la ola de violencia que azota a México y se extiende hasta Estados Unidos.

El caso de los Treviño Morales evidencia una de las fallas más graves del sistema penitenciario mexicano: las prisiones no son centros de rehabilitación ni lugares de castigo para los capos del narcotráfico, sino sus oficinas de mando. Desde detrás de las rejas, siguen ordenando asesinatos, coordinando el tráfico de drogas y manejando operaciones millonarias. La complicidad de funcionarios corruptos y la falta de una estrategia real para desmantelar estas redes han convertido las cárceles en fortalezas del crimen organizado.

La influencia de Los Zetas va mucho más allá de México. Con conexiones en Centroamérica, Sudamérica y Estados Unidos, el cártel ha logrado mantener su estructura operativa sin importar los golpes que las autoridades les han asestado. Mientras los gobiernos presumen capturas de líderes criminales como grandes victorias, la realidad es que estos siguen operando con total impunidad desde prisión. Es un problema de raíz que no se soluciona con simples arrestos, sino con una reestructuración total del sistema de justicia.

El informe del Departamento de Justicia enfatiza la necesidad de una cooperación más estrecha entre México y Estados Unidos para combatir la crisis del narcotráfico y la violencia. Sin embargo, la falta de voluntad política en México y la debilidad institucional han permitido que los cárteles se fortalezcan aún más. La corrupción y el miedo han paralizado a las autoridades, dejando el control del país en manos de criminales que dictan sus órdenes desde una celda.

Por otro lado, la influencia de estos cárteles se extiende al ámbito político y económico. En muchos casos, los narcotraficantes financian campañas, compran jueces y negocian con altos funcionarios para garantizar su impunidad. El poder del crimen organizado no solo se ve reflejado en las calles con balaceras y secuestros, sino también en los pasillos del gobierno. Mientras los ciudadanos viven con miedo, los verdaderos gobernantes de México operan desde las sombras, dictando las reglas del juego.

La gran pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo México permitirá que sus cárceles sean fortalezas para los capos del narcotráfico? La única solución real pasa por una reforma penitenciaria profunda, una verdadera guerra contra la corrupción y un compromiso firme de cooperación con Estados Unidos para desmantelar estos imperios criminales. Sin eso, el país seguirá siendo rehén de los narcos, y la violencia continuará destruyendo el futuro de millones de mexicanos.

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