DK4 -21- APRENDER A INTERPRETAR CORRECTAMENTE LA BIBLIA. Teología Básica y Catequesis.Fray Nelson.

1 year ago
41

El Espíritu Santo actúa siempre con Cristo, desde Cristo, y conformando a los cristianos con Cristo.

Su acción se realiza en la Iglesia por medio de los sacramentos. En ellos Cristo comunica su Espíritu a los miembros de su Cuerpo, y les ofrece la gracia de Dios, que da frutos de vida nueva,
según el Espíritu.

El Espíritu Santo también actúa dando gracias especiales a algunos cristianos para el bien de toda la Iglesia, y es el Maestro, recordando a todos los cristianos aquello que Cristo ha revelado (Jn 14,25s).

Cristo y el Espíritu son “las dos manos de Dios”, las dos misiones de donde ha salido la Iglesia (San Ireneo de Lyon).

«El Espíritu Santo edifica, anima y santifica a la Iglesia; como Espíritu de Amor, devuelve a los bautizados la semejanza divina, perdida a causa del pecado, y los hace vivir en Cristo la vida misma de la Trinidad Santa.

Los envía a dar testimonio de la Verdad de Cristo y los organiza en sus respectivas funciones, para que todos den “el fruto del Espíritu” (Gal 5,22)»

Cuando decimos en el Credo que “creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica”, estamos afirmando que creemos en el Espíritu Santo que actúa en la Iglesia, santificándola, edificándola según la medida de Cristo, animándola a realizar la misión que tiene confiada.

Aunque la expresión literal en las lenguas vernáculas parezca afirmar que el acto de fe está dirigido hacia la Iglesia, no es así en la lengua latina.

El acto de fe se dirige a Dios y no a las obras de Dios. La Iglesia es una obra de Dios, y en el credo afirmamos creer que ella es una obra de Dios

Solemos decir que el Espíritu Santo es como el alma de la Iglesia porque realiza en ella algunas de las funciones que el alma realiza en el cuerpo: la vivifica, la empuja a la misión, la unifica en el amor.

Pero la relación del Espíritu Santo con la Iglesia no es igual a la que existe entre el alma y el cuerpo humano, que forman una persona.

Por eso no decimos que la Iglesia es la personificación del Espíritu ni una encarnación suya.

La acción del Espíritu Santo en la Iglesia también se concreta en su influjo continuado en el alma de todos los cristianos.

En efecto, además de su acción en los sacramentos, el Espíritu nos hace crecer en Cristo, hasta que tengamos la estatura del hombre perfecto.

Es el maestro interior que habla en el corazón del hombre, le descubre los misterios de Dios, le hace discernir lo que es agradable a Dios, su divina y amorosa Voluntad para cada uno.

El Espíritu nos enseña a dirigirnos a Dios, a hablar con Él (Rm 8,26), y nos ayuda a evaluar todo con el sentido de la fe.

Este don del Espíritu nos ayuda a percibir las cosas, los acontecimientos, las personas, los
movimientos interiores del alma, valorándolos según nos acercan o apartan de Dios.

También nos hace descubrir cómo podemos orientarlos a la plenitud a la que están llamados,
ayudándonos así a colaborar en la construcción del reino de Dios.

La acción del Espíritu Santo en la Iglesia es, por tanto, muy variada: actúa en la jerarquía, en los
sacramentos, a través de los dones no sacramentales y en el interior del corazón de cada cristiano, llegando hasta los entresijos más íntimos del cuerpo eclesial.

Y está dirigida a unificar con Cristo a todos los hombres y, por ese medio, unir a la humanidad y llevar la creación hasta aquella plenitud a la que Dios la había destinado (Rm 8,19-22).

Al estar tan íntimamente unida a la misión de la Iglesia y actuando en ella, normalmente no decimos que la Iglesia sustituye o acrecienta algo a la misión de Cristo y del Espíritu: prolonga más bien la misión de Cristo y hace presentes las dos misiones divinas.

En razón de todo lo dicho, la Iglesia es el “templo del Espíritu Santo”, porque Él vive en el cuerpo de la Iglesia y la edifica en la caridad con la Palabra de Dios, con los sacramentos, con las virtudes y los carismas

Como el verdadero templo del Espíritu Santo fue Cristo (Jn 2,19- 22), esta imagen también señala que cada cristiano es Iglesia y templo del Espíritu Santo. Los carismas son dones que el Espíritu concede a cada persona para el bien de los hombres, para las necesidades del mundo y particularmente para la edificación de la Iglesia.

A los pastores corresponde discernir y valorar los carismas (1 Ts 5,20-22)

La acción del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia por medio de los sacramentos. Solemos decir que el Espíritu Santo es como el alma de la Iglesia porque realiza en ella algunas de las funciones que el alma realiza en el cuerpo: la vivifica, la empuja a la misión, la unifica en el amor.

Es el maestro interior que habla en el corazón del hombre, le descubre los misterios de Dios, le hace discernir lo que es agradable a Dios.

Loading comments...